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UNA AUTONOMIA CON SABOR A INDEPENDENCIA

Escrito por Fito Quiroga. Publicado en La otra Catamarca

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La autonomía de la Provincia de Catamarca tuvo ribetes pintorescos, casi excéntricos para la época. El proceso de conformación como estado independiente, fue distinta a la de muchas otras provincias que se habían separado anteriormente en forma pacífica.
Corría el año 1821 y hacia poco tiempo que nuestra patria se había declarado libre de la corona española, pero en su interior profundo todavía subsistían rencillas internas de poder y riqueza. Para ese año Catamarca dependía en un todo de Tucumán quien estaba dirigida por el Gobernador Intendente Coronel Bernabé Aráoz perteneciente a una prestigiosa familia tucumana. Aráoz era militar de carrera y gozaba de buen prestigio en su provincia, ante el Gral. Manuel Belgrano y nada más y nada menos que ante el Gral. San Martin.

El Gobernador no se llevaba bien con su vecino, el Gral. Martín Miguel de Güemes, quien en reiteradas oportunidades le había pedido asistencia con tropa y provisiones para poder hacer frente a los innumerables inconvenientes que continuamente asechaban a la frontera argentina, obteniendo solo silencio de parte del tucumano. Aráoz, cansado del centralismo porteño y viendo la riqueza de la provincia de Tucumán y el protagonismo que ésta había adquirido tras la declaración de la independencia y teniendo además en cuenta el potencial económico de Catamarca y Santiago del Estero, crea un país aparte dentro de la Argentina, funda el 22 de marzo de 1820 “La República Federal del Tucumán”.

Algunos historiadores afirman que esta decisión debe verse como un fenómeno federalista, ya que al hablar de “República” de Tucumán, se estaba hablando de un estado independiente pero siempre dentro del esquema nacional. En cambio otros opinan que lo de Aráoz directamente fue un acto separatista con todas las letras.
Catamarca y Santiago del Estero quedaron dentro de este nuevo territorio ya que dependían de Tucumán. El Cnel. Aráoz ordenó ser llamado “Señor Presidente Supremo”, envió a acuñar moneda propia, dictó una constitución, nombró ministros y hasta tuvo una bandera. En pocos días, al menos en los papeles, la República de Tucumán había tomado forma. Si vemos todos estos hechos con una óptica subjetiva, el territorio tendría todos los elementos necesarios para funcionar como República, pero si consideramos que en aquella época circulaba en el norte del país el peso boliviano como “moneda fuerte de uso legal”, el deseo de tener una moneda propia no era tan descabellado, aparte otras provincias como La Rioja habían pensado en hacer lo mismo. Esto reforzaría la idea de que solo se trató de “un estado más” dentro de la nueva argentina
El Gral. Martín Miguel de Güemes, ya Gobernador de Salta, no iba a quedarse de brazos cruzados y menos viendo que a pocos kilómetros de la frontera había otro país que se había separado de su patria. Por su parte Santiago del Estero, ante la movida de Aráoz, se declaró autónoma primero y su Gobernador Felipe Ibarra manifestó que “esto era una locura” y ambas provincias le declararon la guerra a la República del Tucumán.
Después de batallas, sublevaciones e invasiones desde Santiago del Estero y Salta, la república soñada por Aráoz, tras una corta vida que duro casi un año, llegó a su fin cuando la provincia de Catamarca, siguiendo los pasos de Santiago del Estero, decide su propia autonomía. Esto ocurrió el 25 de Agosto del año 1821.
El Cabildo Provincial decidió que el nuevo Gobernador e Catamarca fuese Don Nicolás Avellaneda y Tula, que días después de haber asumido, fue derrocado por un golpe de estado por las huestes que obedecían a Aráoz y, lógicamente, con ayuda interna. Lo trataban de traidor, aducían que Avellaneda había llegado ahí gracias a Aráoz y ahora le estaba dando la espalda. El 30 de Octubre fue restituido al poder por el pueblo y es considerado el primer Gobernador de la provincia de Catamarca.
San Fernando del Valle de Catamarca cumple orgullosos 195 años de su Autonomía. Desde aquel entonces, han pasado 130 gobernadores entre los elegidos democráticamente y aquellos designados por gobiernos de facto.

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